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“Un
sueño, probablemente premonitorio, amplificaba, aquella noche de
calor y humedad inconveniente reunidos, esa voz silente presente y
conmovedora.
Me hallaba en un lugar desierto, creo en una localidad de Asia
Central. Era de noche, sin estrellas visibles en la concavidad del
cielo. Delante mío un Gong jamás visto, de dimensión enorme, cerca
de setenta metros de diámetro, compuesto en apariencia de brillantes
metales dorados fusionados en proporciones desconocidas. Asemejaba
en su forma a aquel tipo de metalófono usado en la orquesta de
Gamelan javanés, aunque no pendía de ningún soporte. Se hallaba
suspendido en el espacio a una altura que hacía imposible tocarlo.
El centro parecía constituido, para mi percepción, de otro metal,
perfectamente fundido, aunque sobresalía de la mole del disco como
un pezón del pecho. Dos corrientes del mismo viento soplaban en
direcciones opuestas. Una detrás del Gong, otra de frente, ambas muy
potentes. El fenómeno, rarísimo, creaba el punto límite entre los
dos soplidos del viento, en el área exacta del Gong.
El predominio o concomitancia de las direcciones contrapuestas hizo
que se desprendiera un sonido eólico del instrumento, combinación de
viento y metal vibrante. No cabían dudas que el sonido provenía del
Gong y que estaba también oyendo el retumbo de otros sonidos
percutir (si me es permitido un término tan inadecuado) en él.
Impetuosamente, fui catapultado en un Viento Sonoro que todo llenaba
y cubría, perfecto, pleno, de diamante. Nutrida de espacio
interestelar, la noche se estrelló de luceros esplendorosos.
Miríadas de astros brillaban por el Sonido. Prolongada la vibración
constante, tenues líneas unían los luceros, y una filigrana celeste
inundó el espacio geométrica y asimétricamente. La trama, superior a
cualquier idea de red, creaba una pura exaltación.
Vuelto al desierto, cuando el fragor sonoro había cesado, ví
escritas en la arena o polvo blancuzco de ese suelo, tres sílabas
separadas de una sola palabra:
CON
COR
DIA
Al
despertar el calor y la humedad persistían impertérritos. Mi dormir
no sería el mismo después del sueño del Gong”.
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