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Síntesis del Conocimiento tradicional y moderno del Sonido y de la
Música, y de sus efectos estéticos, psicológicos, educativos,
catárticos y terapéuticos en el ser humano.

Es una disciplina (Ciencia-Arte) que integra y evidencia el origen
Sónico de la Vida, ya sea en sus niveles globales como en los
niveles psicofísicos del ser humano, el cual se expresa a través del Habla
(sonido articulado) y de la Música como medios significantes de un
Lenguaje capaz de educar en lo profundo, de promover una catarsis realizativa y relaciones humanas armónicas.
Del Conocimiento de las
antiguas cosmologías musicales (India, China, Grecia y otras
tradiciones mundiales) y de su recorrido a través del Renacimiento
hasta nuestros días, donde la física cuántica redescubre el tejido
vibracional del que está compuesto el mundo, se desprenden una serie
de prácticas y experiencias que conciben al organismo físico,
emotivo, mental y espiritual como un verdadero Oído, tanto de lo
audible como de lo inaudible, y a su vez un emisor de resonancias
armónicas.
"Escuchar Música profundamente abre nuevos caminos de
investigación en los que no había jamás soñado. Por lo que me has
mostrado esta tarde – no solo lo que has dicho, sino lo que he
sentido y experienciado concretamente – siento que de ahora en
adelante la Música deberá ser parte esencial del análisis. Ella
alcanza las zonas de los arquetipos profundos a las que a veces
podemos llegar en nuestro trabajo con los pacientes. Esto es muy
importante y maravilloso."
Carl Gustav Jung

La educación en la Ciencia-Arte de la Eufonía implementa un método
pedagógico conformado por modelos, módulos y estructuras armónicas
de aprendizaje (mayéutica), que permiten descubrir el sentido y
significado de la Música como red/tejido energético vital, cuyo
lenguaje es sustrato de vivencias, de percepciones, conocimientos e
intuiciones.

Cada experiencia eufónica posee en sí misma plenitud y una armónica
dosis de conocimiento. Las fórmulas de escucha profunda constituyen,
desde el punto de vista de la atención, experiencias sintéticas en
las que conviven ciencia, belleza y poesía como puertas
cognoscitivas. Es de la experiencia que surgen las más grandes
teorías, doctrinas y métodos de realización.
Un movimiento, el acto de respirar seguido con concentración, un
sonido vibrante en el espacio, pueden concedernos alegría y
bienestar duraderos, mientras la conciencia crece y se expande.
El punto de partida sensorial sirve para adquirir mayor familiaridad
con un mundo completo como el del Sonido, pero los efectos no se
agotan con la percepción auditiva. Cada sonido es como el contenedor
de una semilla y los armónicos representan el contenido pleno de
vida potencial.
El verdadero significado de la vida no puede ser verbalizado, dado
que no pertenece a la esfera del lenguaje articulado.
De algún modo, la utilidad de una palabra reside más en la intención
y en la experiencia vivida que en el mero sonido pronunciado. La
motivación es el factor esencial en la comunicación humana. Así la
experiencia deviene transmisible, al mismo tiempo que cada uno de
nosotros mismos debe realizarla. Los sonidos nos transmiten todas
las formas de la experiencia, permitiéndonos visualizar caminos
claros, abrir senderos impensados, conocer la realidad como es y
superar límites vitales.
Un mundo, entonces, de imperturbable serenidad y de potente
resonancia se manifiesta en las miríadas de instantes presentes. Los
puntos de contacto resonante son puentes psicológicos de sabiduría.
Las situaciones cotidianas vividas con conciencia eufónica crecen en
intensidad y luz gracias a nuestra personalidad, que se deja musicar
como si fuese un instrumento musical afinado.
La remoción de los bloqueos se hace tan real y tangible, de tal modo
concreta, que comenzamos a sentir que somos participantes activos de
la orquesta de la naturaleza, haciendo audibles sinfonías siempre
nuevas.
Nada puede reemplazar al perfume de la experiencia, así como a nada
sirve aplazar la cita tomada con nosotros mismos. El mundo se
demuestra pleno de significado cuando nuestras ansias, dificultades,
complejos y frustraciones emergen de los abismos de nuestros mares,
para ser afrontadas sin reparos y con equilibrio. En verdad, somos
nosotros que tomamos posesión de nuestro ser y descubrimos que
existe un eje central que se comporta como una cuerda. Basta que
ésta asuma su justa posición conciencial para que toda
experiencia/sonido evoque en ella memorias lejanas, sea de sonidos
producidos y vividos hasta aquellos que yacen en sueño, a la espera
del músico que llevamos dentro.
Con calma activa y enérgica, la cuerda halla el alineamiento
armónico que los hábitos exteriores habían oscurecido. Interior y
exterior dejan así de estar separados. El espacio se trasfunde a
través de la membrana sutil de la personalidad.
La Música de la experiencia se hace audible, la única incapaz de
engañar.
Eufonía no es más solo una palabra.
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